Tres programas distintos de la UNESCO se posan sobre este territorio, y ninguno fue pensado para hacer lo mismo. Comparten siglas y la costumbre de aparecer juntos en el mismo folleto, pero operan con criterios distintos, perímetros distintos y calendarios distintos. Ninguno, por sí solo, protege el lugar. Dos de ellos ni siquiera fueron diseñados para hacerlo.
El más antiguo de los tres cubre la superficie más pequeña. Montañas do Courel fue declarado Geoparque Mundial de la UNESCO en abril de 2019, el primero de Galicia. Abarca 577 kilómetros cuadrados repartidos entre tres concellos — Folgoso do Courel, Quiroga y Ribas de Sil — y se sitúa en el flanco oriental de la Ribeira Sacra, no dentro de ella. La condición de geoparque es un marco educativo e interpretativo: museos, geositios, rutas geológicas, el pliegue de Campodola-Leixazós, las explotaciones auríferas romanas. No incorpora ninguna nueva figura de protección. Un geoparque no puede detener una cantera; sólo contextualizarla.
La segunda etiqueta es la de mayor alcance. La Reserva da Biosfera Ribeira Sacra e Serras do Oribio e Courel fue proclamada por el programa Hombre y Biosfera de la UNESCO en septiembre de 2021, con 306.535 hectáreas distribuidas entre 23 concellos: 18 en Lugo y 5 en Ourense. Una Reserva de la Biosfera es un andamiaje administrativo. Pide al territorio reconciliar la diversidad biológica y cultural con el desarrollo económico; la fuerza protectora real sigue dependiendo de instrumentos previos, sobre todo de las zonas Red Natura 2000 que ya existían. Estar dentro de una Reserva de la Biosfera no detiene, por sí mismo, un parque eólico. Compromete a la región a un plan. La autoridad de ese plan es local.
La tercera está todavía abierta. Ribeira Sacra: Paisaxe da Auga es la candidatura actual a Patrimonio Mundial, con 26 concellos. Una primera versión se retiró en 2021 tras un informe desfavorable de ICOMOS; el expediente reescrito, reformulado en torno al agua como elemento estructurador del paisaje, se presentó a la UNESCO a principios de 2025. Una misión técnica visitó el territorio ese mismo año. La decisión se tomará en la 48ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial en Busán, Corea del Sur, en julio de 2026. Si prospera, la Ribeira Sacra se convertirá en el 51º bien español inscrito. Si no, la candidatura podrá reelaborarse de nuevo.
Aquí empieza la confusión. Los tres perímetros se solapan de forma desigual. El Geoparque está dentro de la Reserva de la Biosfera, pero no dentro del Paisaje del Agua propuesto. El Paisaje del Agua y la Reserva comparten la mayoría de concellos, pero no todos. Ferreira de Pantón alberga un centro de interpretación del Geoparque, pero no forma parte del Geoparque. Monforte está en dos de las tres figuras. El visitante ve una sigla repetida y deduce un único estatus. No lo hay.
Lo que cada etiqueta hace bien también es distinto. El Geoparque es el más autosuficiente: se visita un geositio, se lee el panel, el trabajo está hecho. La Reserva de la Biosfera es sobre todo un marco de planificación; sus resultados dependen de qué concello la asume y cuál la deja inactiva. La candidatura a Patrimonio Mundial, independientemente del resultado de julio de 2026, ya ha producido los efectos materiales más visibles: cerca de ocho millones de euros en conservación patrimonial repartidos en más de cuarenta bienes del expediente, además de una reciente línea de ayudas para proteger los bancales frente a la erosión.
Lo que ninguna de las tres etiquetas hace es retener a la gente aquí. Restauran monasterios, señalizan geositios, financian muros de bancales. No devuelven la panadería que cerró el pasado abril, ni la escuela que se ha quedado con nueve niños, ni a la joven viticultora que aceptó una oferta en Madrid. Esas decisiones se toman en otra parte — en el concello, en la mesa de la cocina, en el banco —. La UNESCO sabe proteger las cosas que dejaron los que vivieron aquí. Si seguirá viviendo alguien es otra cuestión, y la respuesta se está escribiendo sin ninguna sigla encima.
Embalse de Belesar desde Pequeiras, Chantada — foto de B. Riobó, editada con IA.
