Two Laws, One Hillside

Dos leyes, una ladera

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Aldeas Modelo recupera tierra para agricultores. La Lei do Solo habilita rehabilitación para turismo. Misma ladera, dos visiones.

Cerca de Monforte de Lemos hay una aldea donde un soutiño lleva unos quince años ganando terreno a una viña. Nadie plantó los castaños. Nadie arrancó las cepas. Murió el propietario, los herederos se dispersaron, y la ladera siguió haciendo lo que hacen las laderas cuando nadie interviene. La Xunta tiene dos planes distintos para esa ladera, y no son el mismo plan.

El primero es el programa de Aldeas Modelo, un instrumento de la Lei 11/2021 de recuperación da terra agraria, que identifica aldeas en situación de abandono y reorganiza el suelo circundante para usos agroforestales productivos. Hay 21 declaradas en Galicia, catorce de ellas en Ourense, donde el abandono ha sido más rápido y la fotografía de las casas vacías más útil para la causa. En julio de 2025, AGADER anunció que el Val de Lemos — la llanura de regadío inmediatamente al oeste de Monforte, que incluye Bóveda, Pantón y Sober — recibirá el primer catálogo parcial de suelos agropecuarios y forestales de Galicia. El marco es técnico: un documento dinámico que clasifica cada parcela según su aptitud productiva. La intención lo es menos: devolver la tierra a manos de quienes vayan a trabajarla.

La segunda es la Lei do Solo, modificada por la Lei 5/2024 y la Lei 5/2025 (en vigor desde enero). Entre los usos permitidos en suelo rústico, el artículo 35 incluye ahora, en castellano llano, construcciones y rehabilitaciones destinadas al turismo que sean potenciadoras del medio donde se ubiquen. La fricción burocrática para convertir una casa de piedra arruinada en un hotel rural, un alquiler vacacional o una segunda residencia se ha reducido deliberadamente. La intención, también, es menos técnica que la redacción: devolver los edificios a la circulación, llegue la circulación por donde llegue.

Las dos leyes miran la misma aldea y ven un problema que merece solución. No ven el mismo problema. Una ve una ladera que ha dejado de producir alimento. La otra ve un tejado que ha dejado de ser un hogar. Los instrumentos diseñados para resolver cada versión actúan sobre las mismas parcelas — y a menudo sobre la herencia de la misma familia — sin un mecanismo visible que coordine cuál prevalece cuando ambas están interesadas.

Esto no es un escándalo. La normativa rural gallega está intentándolo de verdad, y las 10.000 hectáreas movilizadas desde 2021, un 58% en Ourense, son una cifra real que describe una reactivación real. Los compradores extranjeros que rehabilitan quintas en Pantón o Sober tampoco son los villanos del relato; en muchos casos son la única figura que llegó con capital y un plan cuando los herederos no tenían ni una cosa ni la otra. La lenta reconversión de cascarones de piedra en edificios habitados es, en sus propios términos, recuperación.

La pregunta es qué tipo de recuperación, y si alguien está eligiendo. Aldeas Modelo recupera tierra para uso productivo de personas que, según el propio enunciado de la política, viven allí. La Lei do Solo habilita la rehabilitación para usos que pueden no requerir que nadie viva allí en absoluto. Las dos vías son legítimas. Producen aldeas distintas.

Si uno camina por una parroquia donde el trabajo del catálogo está a punto de comenzar, la pregunta deja de ser ideológica y se vuelve parroquial. Qué edificios se están rehabilitando, por quién, en qué plazos. Qué parcelas entran en el catálogo, con qué uso asignado. Si el concello — el de Monforte, el de Pantón, el de Sober — está leyendo los dos procesos desde la misma mesa, o desde despachos distintos que no comparten mapa. La Xunta no está coordinando esto. Los concellos quizá sí lo hagan, parroquia a parroquia, en función de quién entra primero por la puerta. El comprador con el arquitecto, o el joven agricultor con el contrato de arrendamiento.

Ambos tienen un argumento sobre en qué se convierte la ladera. La legislación ha sido hasta ahora más clara concediendo argumentos que arbitrando entre ellos. Esa brecha es la próxima decisión silenciosa del territorio.