The Grandson of Ribeiraos: Roberto Regal and Enonatur

El nieto de ribeiraos: Roberto Regal y Enonatur

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Roberto Regal, nieto de cuatro ribeiraos, hace del vino un puente entre personas y una defensa de la Ribeira Sacra en la que se crió.

Enonatur está en Chantada, a orillas del Miño, en plena Ribeira Sacra, y su propuesta podría parecer un reclamo hasta que conoces a quien la sostiene: apadrinas un viñedo que de otro modo se abandonaría y elaboras un vino con tu propio nombre en la etiqueta, cultivando, podando y vendimiando tanto o tan poco como quieras. Roberto Regal, su fundador y elaborador, es nieto de cuatro ribeiraos, y para él el viñedo no es tanto un producto como un puente entre personas.

P. Te defines como nieto de cuatro viticultores. ¿Qué te dejaron?

Nací y me crié aquí. Cuatro de mis abuelos trabajaron la viña — son neto de ribeiraos, como se dice en mi tierra. Mantuvieron vivo todo un legado: fruta, huerta, el río, alimento, vino, un paisaje. Y fueron ninguneados. Pequeños agricultores a los que nunca se les reconoció de verdad ese trabajo. En mi adolescencia no tenía vocación, pero enseguida entendí que mi futuro lo tenía por delante, en una tierra rica y llena de oportunidades.

P. Dos de ellos aún viven. Si hoy te sentaras con uno en la viña, ¿de qué hablaríais?

Del presente, más que del futuro. Le preguntaría qué le parece lo que está sucediendo — si se está perdiendo un poco la esencia de la Ribeira Sacra, qué opina de la especulación. Y cómo lo haría él: cómo consigues que la gente de aquí, o gente que venga de fuera con la misma sensibilidad, teja una red que devuelva la vida a las aldeas, y en consecuencia a los viñedos. Cómo recuperas, o al menos preservas, una cultura del vino que es tan transversal. Porque el vino significa muchas cosas. Mis abuelos me enseñaron que un vino es un vínculo — un puente entre humanos.

P. ¿Hay algún gesto que sigas repitiendo igual que ellos?

Varios. En la viña, repasar una labor una vez hecha, afinarla, no dejarla a medias. Pero del que más consciente soy no es técnico. Es toda la ceremonia de recibir a la gente en la bodega — ofrecer otra copa, procurar que nadie tenga prisa por marcharse, mantener la conversación. Espacios abiertos de sociabilización y tertulia. Eso lo heredé de ellos.

P. Dices que hubo un momento en que sentiste que la Ribeira Sacra podía perder su identidad. ¿Cuándo?

Sobre todo estos últimos diez años, viendo cierta especulación con el territorio. Hay gente que llega con sensibilidad, queriendo sumar, respetando el lugar. Y hay gente que llega solo a especular — comprarse una bodega, ponerla en Airbnb, y no le importa abandonar el entorno. Para ellos la cultura del vino es lo de menos, el medio ambiente es lo de menos, la viña es lo de menos. Se enfocan en explotar el río, en explotar los alojamientos. Desde hace años siento no solo miedo, sino tristeza de que a esto no se le ponga remedio. Lucho cada día, cívicamente. Intento entender a esas personas, y trato de convencerlas de que lo fundamental es hacer buen vino — y que para eso hay que cuidar el viñedo, con cariño, dedicándole horas. Si se pierde el paisaje y la cultura del vino, se perderán también las demás vías de ingreso.

P. También eres directo con la administración.

Solo limpian las carreteras y los accesos cuando hay un evento para gente de fuera. Nadie trabaja políticamente el día a día del viticultor — limpiar un camino, mantener un espacio común en condiciones. Me da impotencia. En la propia carretera, los turistas se cambian de carril con tal de no arrimarse, no saben conducir cerca de ti, y a veces, cuando estás trabajando, el viticultor parece una pieza de un museo — como si la gente estuviera en un zoo. Y la administración tampoco respeta lo común: los caminos viejos, los usos del pueblo, lo poco que queda. De alguna manera, las políticas que se están haciendo los están expulsando. Es una especie de desprotección. No cuidamos el verdadero tesoro, que son las personas, y el conjunto que las rodea. Debería funcionar como una red orgánica.

Cuando estás trabajando, el viticultor parece una pieza de un museo — como si la gente estuviera en un zoo.

P. En Enonatur cada persona elabora su propio vino. ¿Dónde está el límite que no cedes?

Cada cliente decide en la medida que sabe y quiere — eso convierte a todo el equipo en tutores, más o menos, a demanda. Hay quien quiere un vino singular, sano, exclusivo, y nada más. Hay quien quiere participar en alguna fase, podar, vendimiar. Lo que comparten es la sensibilidad, y la consciencia de que aquí el vino es transversal. Saben que no solo están creando un vino. Están embotellando vida — dignidad, un paisaje cultural y ambiental, legado y, sobre todo, una forma de amor.

P. ¿Llega gente esperando una cosa y se va con otra?

Mucha. Algunos vinieron sabiendo ya que se iban a emocionar. Otros llegaron queriendo hacer un vino, vieron lo que cuesta — nuestro esfuerzo — y acabaron valorando muchísimo más el proyecto. La idea que uno se arma en la cabeza cambia por completo cuando estás aquí presente. Donde no ha cuajado es con quien vino a hacer el súper negocio, a hacer un producto — estos no son vinos para hacer negocio. Pero luego está el otro tipo de gente. He tenido clientes que eran viticultores, que vinieron porque no le veían continuidad a una parcela que habían cuidado toda la vida, como obra vital. Los he visto llorar, delante de otros clientes, porque no había quien la sacara adelante.

P. Vinculáis Enonatur a la candidatura a Patrimonio de la Humanidad. Con ICOMOS habiendo desaconsejado la inscripción y la decisión de Busan a las puertas, ¿qué cambia para vosotros de un modo u otro?

Si la Ribeira Sacra saliese elegida, sería una gran ventana al mundo para nuestra tierra, como territorio de gran valor cultural y natural. Marcaría un giro hacia un futuro más esperanzador — preservación, respeto a nuestros ancestros, mejor calidad de vida, un camino hacia la belleza que evita la especulación. Fortalecería precisamente la filosofía sobre la que se construyó Enonatur: preservar y poner en valor a través de impactos positivos, proteger el lugar de un turismo de masas mientras se teje una red económica más justa y sostenible. ¿Y si no llega? El trabajo es el mismo. El viñedo sigue necesitando cuidado mañana por la mañana.

P. Si un viajero quisiera entender este lugar, ¿a quién debería ir a ver?

A nadie en concreto. Le diría que escuche. Que se siente en las bodegas de la gente mayor, la de aquí de toda la vida, y que visite a cuantos pueda — viticultores ancianos, no sabios. Ahí es donde está. Que no pierda la oportunidad, porque no van a estar siempre.

Preguntas rápidas

Un lugar
La Ribeira Sacra en otoño.

Un plato o un vino
Cualquiera, siempre que sea con mis seres queridos.

Una ruta
Cualquiera con muchos árboles y senderos de tierra.

Una palabra
Seixo — el nombre de mi hijo.

Una idea equivocada
Querer cambiar el mundo sin perfeccionar el mundo interior de uno mismo.

Enonatur

Chantada, Lugo

enonatur.com

@enonatur_

info@enonatur.com


Todas las fotos son de Abel Valdenebro, cortesía de Enonatur. Prohibida su reproducción sin autorización escrita.