The Bees Taught Her to Read the Land: Melsacra

Las abejas le enseñaron a leer la tierra: Melsacra

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Christina y su hermano Carlos volvieron a la Ribeira Sacra para reencontrarse con sus raíces y la apicultura que heredaron de sus abuelos.

Las colmenas están en los viejos bosques de castaños y robles del interior de la Ribeira Sacra, el mismo monte que un cercado de piedra de más de quinientos años — la Albariza do Vello — se levantó para proteger de los osos. Christina las trabaja junto a su hermano Carlos bajo el nombre de Melsacra, un proyecto que nació menos como plan de negocio que como un camino de vuelta. Dos hermanos que habían construido vidas separadas en países distintos regresaron al territorio que sus abuelos habían trabajado, y encontraron su terreno común en una colmena. Lo que sigue es un argumento disfrazado de relato apícola: que este es un lugar para leer despacio, no para consumir deprisa.

P. Empecemos por quién eres — con tus propias palabras.

Soy Christina, apicultora por elección y por herencia. Trabajo con abejas porque en ellas encuentro una forma de entender la vida: la cooperación, el equilibrio, el respeto por los ciclos naturales. Las abejas me enseñan que no puedo entender la vida con la mente. Se entiende con el corazón.

La apicultura, para mí, no es solo una actividad productiva. Es una manera de cuidar un territorio, de escuchar lo que ocurre en él y de participar en algo mucho más grande que nosotros. Me importa porque me conecta con mis raíces, con mi familia y con una forma de vivir más consciente y cercana a la naturaleza.

P. ¿Y cómo llegaste hasta aquí?

Más que de dónde soy, es de dónde vengo — eso es lo que me conecta con mis raíces. Mi historia con la Ribeira Sacra empezó mucho antes de dedicarme a la apicultura. Mi abuelo era apicultor, y mis recuerdos más felices están ligados a los veranos que pasaba aquí, con mi abuela materna y visitando a mi abuelo paterno.

La vida me llevó por otros caminos y a otros lugares, pero algunas raíces nunca desaparecen. Con el tiempo, mi hermano Carlos y yo — que habíamos construido nuestras vidas en países distintos, por trayectorias muy diferentes — sentimos la necesidad de volver a conectar con aquello que nos unía. Ese regreso ocurrió aquí, y tomó forma en un proyecto de apicultura que compartimos.

P. ¿Cómo se la describirías a alguien que nunca ha estado aquí?

Mi relación con la Ribeira Sacra es profundamente emocional, pero también práctica. Es el lugar donde trabajo, donde aprendo cada día de las abejas y donde siento que mis raíces siguen vivas.

A alguien que nunca ha estado le diría que es un territorio que invita a bajar el ritmo. Hay una belleza evidente en sus ríos, viñedos y montañas, pero lo que más me conmueve es su energía silenciosa. Es un lugar donde todavía se percibe la relación entre las personas y la tierra, donde el paisaje cuenta historias de esfuerzo, memoria y cuidado.

Es un lugar perfecto para pararte a reflexionar de dónde vienes, dónde estás y hacia dónde quieres ir de verdad. Te invita a romper estructuras y patrones heredados para que salga tu verdadero yo. La Ribeira Sacra es mágica: te enseña a mirar lo que tus ojos no pueden ver.

P. ¿Qué tiene este lugar que no has encontrado en ningún otro sitio?

Autenticidad — de la difícil de encontrar. Aquí todavía existen conocimientos transmitidos de generación en generación, una conexión real con el territorio, una forma menos acelerada de entender el tiempo.

P. ¿Y le falta algo todavía?

Quizás solo valorar más todo lo que ya posee. A veces, desde fuera, se mira la Ribeira Sacra solo como un destino turístico o un paisaje espectacular, cuando en realidad es un territorio vivo, lleno de personas que trabajan, cuidan y mantienen tradiciones que tienen mucho que enseñar al mundo actual. Es memoria, es historia. Si te paras a hablar con la gente mayor de las aldeas, te sorprenderían todas las historias que tienen por contar — y sentirías esa conexión, ese respeto hacia la vida y la tierra.

P. Cuéntanos el proyecto — la idea detrás y qué esperas que llegue a ser.

Estoy desarrollando un proyecto de apicultura junto a mi hermano. La idea nace del deseo de honrar una tradición familiar y, al mismo tiempo, replantear cómo nos relacionamos con las abejas.

Buscamos una apicultura más amorosa, cuidadosa y respetuosa. Creemos que es posible encontrar un equilibrio entre el bienestar de las abejas y la producción, sin olvidar que ellas no son una herramienta ni una mercancía, sino seres vivos fundamentales para los ecosistemas.

Espero que el proyecto siga creciendo de forma sostenible y que contribuya a generar una mayor conciencia sobre la importancia de las abejas, la biodiversidad y el valor de la vida rural.

Desde fuera a veces se mira solo como un destino, cuando en realidad es un territorio vivo — lleno de personas que mantienen tradiciones que tienen mucho que enseñar al mundo actual.

P. ¿Cuál es la parte más difícil de hacer esto aquí?

La naturaleza te recuerda constantemente que no puedes controlarlo todo. El clima, las floraciones, las enfermedades, los cambios del entorno — todo exige una atención continua. No hay lunes ni domingos. Necesitas mucha capacidad de adaptación y de organización, conciliando la vida familiar con un trabajo que te pide estar pendiente no solo de las abejas, sino de todo lo que conlleva la apicultura: mantener los colmenares limpios y desbrozados, limpiar cuadros, poner cera, coger un enjambre y salir a vender.

También supone un desafío desarrollar proyectos rurales en territorios donde a veces faltan recursos o visibilidad. Pero precisamente esas dificultades hacen que cada pequeño avance tenga un significado especial — que cada pequeño paso haga grande tu camino.

P. ¿Qué se avecina?

Estamos en una etapa de crecimiento y aprendizaje. Queremos seguir consolidando el proyecto apícola, ampliar las actividades de divulgación y acercar a más personas al fascinante mundo de las abejas y a su importancia.

Nos interesa especialmente crear experiencias que permitan comprender mejor esa importancia y fomentar una relación más consciente con la naturaleza y el territorio. Rudolf Steiner decía que la abeja se posa sobre todas las plantas y saca de cada una lo mejor. De alguna manera, queremos lo mismo: dejar una semilla plantada en el corazón de quienes vengan a conocernos, para que saquen su mejor versión.

P. Si pudieras cambiar una cosa sobre cómo se percibe la Ribeira Sacra, ¿cuál sería?

Me gustaría que se percibiera menos como un lugar para consumir deprisa y más como un territorio para escuchar, sentir y comprender.

La Ribeira Sacra no es solo un paisaje hermoso; es una red de historias, oficios, saberes y personas que mantienen viva una cultura profundamente ligada a la tierra. Cuanto más se conozca esa dimensión humana, más se valorará de verdad este lugar.

Las mieles de castaño y de jengibre de Melsacra han obtenido dos estrellas en los Great Taste Awards de Londres, la de jengibre llegando a ser valorada como la mejor miel de todo el certamen.

Preguntas rápidas

Un lugar
El mejor banco del mundo.

Un plato y un vino
Un mencía compartido al atardecer, mirando al río.

Una ruta
Un kayak por el río Sil en el silencio del amanecer.

Una palabra
Raíces.

Una idea equivocada
Que es un lugar para consumir, cuando es un lugar para escuchar.

Melsacra

Nogueira de Ramuín, Ourense

melsacra.com

@melsacra_miel

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Todas las fotos son cortesía de Melsacra. Prohibida su reproducción sin autorización escrita.