Doa Ocampo: A Muralist Who Returns the Gaze to Plants

Doa, la muralista que devuelve la mirada a las plantas

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La muralista Doa Ocampo habla de Reforestando, activismo botánico, el aire eremita de Sober y un territorio cuidado para quien lo habita.

Doa Ocampo pinta lo que la mayoría pasa de largo. Nacida a orillas del Cabe y criada por los bordes rurales de Sober, Pantón y más allá, se formó en bellas artes entre Galicia, México y Portugal antes de comprender que lo que quería llevar a los muros no era humano. Desde 2014 su proyecto Reforestando ha recorrido Europa, Estados Unidos y África como una suerte de herbario mural — pinturas in situ de las plantas silvestres propias de cada lugar donde trabaja, ampliadas hasta el tamaño de un monumento. En Sober, el lugar que llama su campamento base, el estudio es donde se forman las ideas; el mundo es donde están los muros. Hablamos de activismo botánico, del aire eremita del territorio y de un río en el que ya no se puede bañar.

P. Empecemos por quién eres — con tus palabras, no las del CV.

Soy Doa Ocampo Álvarez: artista visual, pintora, muralista, activista botánica. Me dedico al arte porque desde siempre sentí interés por ese mundo de la creación y pocas veces me imaginé haciendo otra cosa. Mi familia se dedicaba a la artesanía, así que desde siempre estoy familiarizada con el hecho de crear, de hacer cosas con las manos, de autogestionar el trabajo. Me interesa mucho la botánica, el reino vegetal me parece fascinante, y creo que en ello influyó mi educación cerca de la naturaleza, utilizando plantas silvestres con diferentes fines: de alguna manera, conocer algo te hace más sensible a ello. Hoy mi principal misión artística es hacer activismo botánico encubierto en forma de pinturas murales. También me interesa lo espiritual y explorar la belleza, porque creo que la observación de lo bello es una vía para el autoconocimiento y una puerta a la comprensión del universo.

P. ¿Y cómo llegaste hasta aquí?

Nací aquí, en la ribeira del río Cabe, y me crié en varios lugares, sobre todo rurales, entre Sober, Pantón, Rinlo y Las Alpujarras. He vivido por temporadas fuera de esta zona y siempre he vuelto para reconectar. Siento este lugar como mi campamento base. Ahora estoy aquí; podría no estar durante un tiempo, pero creo que siempre acabaré volviendo.

P. ¿Cómo describirías tu relación con la Ribeira Sacra a alguien que nunca ha estado?

Para mí es casa, un refugio, un lugar donde estar tranquila y que el tiempo se expanda un poco. Tener un lugar con esas características es muy importante para mí: para pensar, crear y pintar, pero también para darse paseos, andar en bici, escalar, estar en los bosques hermosos. Así que diría que mi relación con este lugar es un poco total. Aquí puedes llevar una vida un poco de convento y salir cuando lo necesitas. Vivo aquí y desarrollo aquí parte de mi actividad, sobre todo el trabajo de estudio, el desarrollo de ideas y de obra; pero también tengo que salir con frecuencia para la otra parte: exposiciones, proyectos murales, residencias. Para mí es un buen equilibrio poder compaginar esos dos mundos. Me gusta pensar que este lugar conserva esa esencia de la Ribeira Sacra de los monasterios, terreno idóneo para anacoretas. Se respira un aire eremita por la zona. No es la realidad de todos, pero creo que no soy la única que lo vive así.

P. ¿Qué tiene que no hayas encontrado en otro sitio — y qué le falta todavía?

Me encanta este sitio, pero soy muy positivista cuando conozco lugares; siento que podría vivir en casi cualquier parte. Así que no sé si podría decir algo que no haya encontrado en ningún otro sitio. Lo que sí me hizo volver en varias ocasiones fue estar cerca de algunas personas — creo que a los lugares también los hacen las personas. Así que diría que algunas personas son lo que he encontrado aquí y no en otro sitio. Y quizás lo que le falta es algo más de gente habitando las muchas casas vacías que hay, que caminen por los senderos y así se mantengan limpios. Y desbrozadoras como servicio público.

P. Cuéntanos en qué estás trabajando ahora.

Concentro la mayor parte de mi energía en el herbario mural que despliego por el territorio desde 2014, bajo el título-concepto «Reforestando»: una serie de pinturas murales site-specific, intervenciones entre el activismo y la divulgación botánica. Dialogan entre la memoria del conocimiento sobre la botánica silvestre y la observación y visibilización de la botánica contextual. La constante en cada obra ha sido la voluntad de devolver la mirada a esos individuos vegetales que tienen un nombre propio, aunque no siempre lo conozca quien los observa.

Me gusta pensar que es un retrato a gran escala de esos seres que no suelen ser el centro de atención en el relato humano. Un pequeño acto de ofrenda y de justicia vegetal.

P. ¿Cuál es la parte más difícil de hacer lo que haces aquí, en este lugar concreto?

Las comunicaciones, en general. La conexión a internet, por un lado. Sé que en algunos lugares no tienen ese problema, pero la conexión donde vivo no me permite desarrollar mi actividad sin ponerme creativa — suena divertido, pero en el día a día a veces no es práctico. Lo acepto como un precio de vivir donde vivo, compensado de sobra por los muchos pros del lugar, pero espero que mejore. Y el transporte público: me encanta tener acceso fácil al tren, pero cuando intentas usarlo de forma habitual te encuentras con que no hay mucha frecuencia. A veces tardas casi más en llegar a Vigo o A Coruña que en llegar a Madrid. Me encantaría prescindir más a menudo del coche en estos viajes regionales, pero no siempre es viable.

P. También mencionaste ciertas prácticas medioambientales.

Es difícil convivir con ciertas prácticas poco respetuosas con el medio ambiente — no exclusivas de este territorio, claro, pero por desgracia más frecuentes de lo ideal, de las que se habla poco en los medios y menos aún se intentan solucionar. En muchos lugares la gestión del monte es muy irrespetuosa: talan zonas forestales, dejan los caminos destrozados, no recogen todos los restos, y eso es un peligro de incendios. Está la contaminación de las aguas — el río Cabe, por ejemplo, aunque hay más, no es apto para el baño desde Monforte río abajo, lo que significa que está contaminado, y es triste que no se esté haciendo nada por revertirlo siendo el agua un elemento vital. Y la caza, practicada sin control: se acercan más de lo permitido a las casas, no hay un censo real de la fauna silvestre y se está aniquilando sin control, lo que conlleva un desajuste en los ecosistemas.

P. ¿Qué se avecina que deban saber nuestros lectores?

Este verano haré un día de «estudio abierto», para mostrar parte de mi trabajo a la comunidad. Me gusta la idea de compartir un poco de lo que hago con quien vive o pasa por esta zona. Todavía no hay fecha concreta; lo anunciaré en mis redes.

P. Si pudieras cambiar una cosa sobre cómo se percibe la Ribeira Sacra, ¿cuál sería?

Me gustaría que se considerase no solo como un lugar donde el turismo es lo que importa, sino como un territorio que se cuida pensando en la población que vive aquí.

Preguntas Rápidas

Un lugar
La desembocadura del Cabe en el Sil — hay algo especial en las desembocaduras, en las aguas que se mezclan.

Un plato
La castaña, sin duda.

Una ruta
Por el agua, en embarcación de remos — el silencio importa — por el Sil entre Os Chancís y el Monasterio de Santa Cristina.

Una palabra
Silencio.

Una idea equivocada
Que se perciba solo como un lugar de interés turístico.

Doa Ocampo

Sober, Lugo

doaoa.org

@doa_oa

escapistas.org


Todas las fotos son cortesía de Doa Ocampo. Prohibida su reproducción sin autorización escrita.