A Safe Haven on the Miño: Inside O Castro Art Village

Un refugio sobre el Miño: dentro de O Castro Art Village

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Tatiana Alonso y Davoud Gerami transforman una aldea abandonada sobre el Miño en una residencia creativa activa en Ribeira Sacra.

La carretera hasta O Castro de Mourelos se va estrechando a medida que se sube. Se deja la LU-5809, se atraviesan robledales y castaños, y se llega a un conjunto de edificios de piedra que hasta hace poco regresaban silenciosamente al bosque. Hoy hay cuatro domos geodésicos entre los árboles, un loft-estudio rehabilitado con cocina comunitaria, y un programa activo de residencias creativas funcionando a ritmo gallego. La parroquia es San Xulián de Mourelos, el municipio O Saviñao, y desde la finca la vista alcanza el valle del Miño hasta Belesar. Nada de eso prepara del todo para lo que Tatiana Alonso y Davoud Gerami están haciendo en realidad aquí, que es menos un negocio de turismo rural que una toma de posición sobre cómo debería habitarse este territorio.

P. Cuéntanos, con vuestras propias palabras, qué hacéis y por qué importa.
Somos Tatiana Alonso y Davoud Gerami, pareja en la vida y en el trabajo, fundadores de O Castro Art Village. También somos los padres de Mey, nuestra hija de tres años — un nombre que significa «vino divino» en el sufismo persa. Aparte de criarla, gestionamos este centro creativo: el día a día, la planificación, la navegación por la laberíntica burocracia española, el diseño de cursos y actividades, la limpieza del terreno, plantar, podar y recibir a la gente. Lo que más nos importa es el impacto social y cultural del trabajo. Somos revolucionarios que pretendemos crear un mundo mejor y más justo — no a través de la violencia, sino creando un espacio seguro para la innovación cultural. Nos lo tomamos en serio, y estamos humildemente orgullosos de lo que hacemos.

P. ¿De dónde sois cada uno, y cómo acabasteis aquí?
Tatiana es traductora y programadora cultural, nacida en Mos, Pontevedra. Davoud es un cineasta, profesor e ingeniero iraní-canadiense que ha vivido y trabajado en distintos rincones del planeta. Estamos aquí por O Castro. Hace años, desencantado con el mundo del cine y cansado de contribuir a una academia corrupta, ambos sometidos al yugo del patrocinio corporativo, Davoud sintió la necesidad de crear un refugio para artistas, pensadores, creadores e inventores: un lugar de diálogo e intercambio sin limitaciones impuestas, agendas desfasadas ni cuotas excluyentes. La idea original era construir algo en Japón, donde vivía entonces. Más tarde, rodando un documental en Asia, hizo amistad con un gallego, que fue el motivo por el que terminó visitando Galicia y, finalmente, encontrando O Castro. Fue amor a primera vista: primero con el paisaje, después con los vecinos, y después con Tatiana, que ha sido el motor apasionado del proyecto desde entonces.

P. ¿Cómo describirías vuestra relación con la Ribeira Sacra a alguien que no ha estado nunca?
Imagina mirar un paisaje durante días, meses, años, y no cansarte nunca. No porque sea el lugar más bello que has visto, sino porque reconoces sus rostros cambiantes y encuentras amor y bondad en él, sea lo que sea lo que te depare. Si los paisajes tuvieran género, la Ribeira Sacra do Miño sería sin duda una mujer; y una mujer gallega: hermosa, fuerte, imprevisible y, aun así, cariñosa. Es el regazo al que uno se retira cuando se enfrenta a las crueldades de un mundo desbocado por la codicia, el Capitalismo y la guerra. Aquí el aire fresco entra por la nariz y alimenta un cerebro que quiere pensar, y pensar a fondo. Aquí llegan las ideas tras un largo paseo por el robledal y el castañar. Aquí no hace falta compartir idioma con los vecinos para entender su vida de viticultores heroicos. Las manos encallecidas dicen la verdad, y no queda más remedio que enamorarse de ellas, y echar una mano cuando se puede.

P. ¿Qué tiene este sitio que no has encontrado en otro lugar? ¿Y qué le falta todavía?
Tiene la chispa, la magia, el potencial. Le falta infraestructura, mano de obra y un gobierno que realmente quiera que gente joven e innovadora repueble la zona y la haga lo que merece ser. El problema del mundo hoy, salvo en unos pocos países, es la ausencia de políticas de desarrollo sistémicas, simbióticas y de base, realmente sostenibles. No hablamos del greenwashing farsante de las políticas de la UE. Hablamos de políticas realmente reflexivas y a largo plazo, que entiendan la inmigración como una amiga y no como una adversaria; un sistema que reconozca su escasez de mano de obra y adopte medidas para atraer gente trabajadora al mundo rural. Un sistema que aliente las ideas locas como la nuestra, reconozca la dedicación que hay detrás, y abra camino en lugar de levantar muros.

Hay que presentar la Ribeira Sacra como un sitio para quedarse a largo plazo, no como un destino turístico — un lugar para descubrir y ser descubierto, para tejer relaciones profesionales que importen, y crear trabajo que importe.

P. Cuéntanos qué estáis construyendo.
Durante los últimos siete años hemos ido convirtiendo una aldea abandonada en un centro de creatividad, arte e innovación. La idea es transformar toda la aldea en un único equipamiento que aloje a artistas, innovadores, pensadores y creadores; gente que viva y trabaje aquí como residente creativo para desarrollar ideas, levantar proyectos y aportar a la cultura local mediante exposiciones, programas educativos y trabajo de base. Imagina una máquina que mezcla talento internacional con talento local, y de la que salen algunas respuestas a nuestros problemas universales.

P. ¿Qué hay ya, y qué queda por hacer?
De momento hemos rehabilitado uno de los nueve edificios de la aldea y construido cuatro domos geodésicos. El edificio rehabilitado tiene un loft-estudio donde trabajan los residentes y una cocina comunitaria donde cocinamos, comemos y mantenemos conversaciones largas tras una jornada exigente — y donde se intercambian recetas. Los domos funcionan como habitaciones de residentes. Cada uno tiene baño completo, agua caliente y camas cómodas, con vistas panorámicas al bosque. Te quedas dormido escuchando a los búhos. Si la financiación y la burocracia lo permiten, la siguiente fase es rehabilitar los edificios restantes y convertir la aldea en una infraestructura estable para lo que ya hacemos — a mayor escala, y para un público más amplio.

P. ¿Cuál es la parte más difícil de hacer esto en este lugar concreto?
La falta de infraestructura y el exceso de burocracia. Llevamos años suplicando a las administraciones agua municipal, fibra óptica y carreteras de acceso decentes, y seguimos sin tenerlas. A eso se suman las exigencias impuestas por la llamada «ley», que con frecuencia se contradicen entre sí. Un organismo exige carreteras de acceso amplias para que lleguen las ambulancias hasta lo alto de la montaña; otro nos dice que no se pueden construir carreteras dentro de un bosque. Las contradicciones consumen tiempo y energía. De no ser por el amor a lo que hacemos, el uno por el otro, y por este territorio, hace tiempo que nos habríamos desanimado y habríamos parado.

P. ¿Qué viene por delante que los lectores deberían conocer?
Organizamos festivales, exposiciones y talleres a lo largo del año — cine, música, arte electrónico y videoarte — y ofrecemos talleres de cine, astronomía, música experimental, interpretación, cerámica y medicina herbal, entre otros. Instagram es el calendario en directo; el programa se mueve con las estaciones y con los residentes que están en casa en cada momento.

P. Si pudierais cambiar una sola cosa sobre cómo se percibe la Ribeira Sacra — por los visitantes, las instituciones, el mundo exterior — ¿cuál sería?
La forma en que se vende. La Ribeira Sacra no es una escapada de fin de semana de paseos en catamarán, catas de vino y barbacoa hasta caer redondo. Está llena de personas y proyectos dedicados a las artes y la cultura; el número de músicos y artistas que viven aquí, repartidos por el territorio, es asombroso. Trabajamos con muchos de ellos. Para que estos proyectos prosperen, hay que presentar la región como un lugar al que venir a quedarse a largo plazo — un sitio para descubrir y ser descubierto, para construir relaciones profesionales que importen y crear trabajo que importe. Estamos orgullosos de decir que ya hemos empezado ese proceso. La gente que viene a nosotros se queda un tiempo, se hace amiga de los vecinos, desarrolla su siguiente proyecto y aporta. Llegan con las manos llenas y se van con las manos llenas. Y el tiempo que comparten aquí los hace más ricos a ellos y a los locales.

Preguntas Rápidas

Un lugar
El castro sumergido, sólo visible en épocas de sequía cada cuatro o cinco años.

Un plato
La comida persa que prepara Davoud en nuestra cocina con ingredientes locales. Igual hasta comparte la receta.

Una ruta
De O Castro a Belesar, por el robledal.

Una palabra
Amistad.

Una idea equivocada
Que el Sil es el único río aquí. El Miño también existe.

O Castro Art Village

O Castro de Mourelos, O Saviñao, Lugo

ocastroartvillage.com

@ocastrovillage

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Todas las fotos son cortesía de O Castro Art Village. Prohibida su reproducción sin autorización escrita.