Pantón: The Wine Cellars Nobody Counted

Pantón: las bodegas que nadie contó

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Las bodegas monumentales de Pantón no figuran en ninguna lista oficial. Lucas Vázquez, de Segredos de Pantón, las va contando una a una.

Lucas Vázquez nació en Suiza, adonde había emigrado su familia, y llegó a Pantón con ocho años. Cuando buscó información sobre el municipio en internet, el buscador le devolvía una y otra vez una silla: la Panton, una pieza famosa del diseño danés. Sobre Pantón apenas había nada, y lo poco que había no cuadraba. Así que empezó a recopilar, y la asociación de la que forma parte, Segredos de Pantón, publica hoy lo que encuentra con su bibliografía al pie. Escribe para la gente de aquí, no para los visitantes.

Entre lo que ha encontrado hay un tipo de construcción que no figura en ninguna lista. Lucas las llama «bodegas monumentales» porque la mayoría son grandes, y algunas enormes. Están medio enterradas en la ladera, hechas de granito, con una puerta ancha y sin ventanas, solo dos respiraderos pequeños; si acercas la mano, sale aire frío. Casi todas tienen un piso superior con entrada lateral, aprovechando la pendiente, donde se guardaban cestos y herramientas. Buena parte del trabajo del vino se hacía fuera, así que junto a la puerta dejaban crecer árboles grandes y los podaban año tras año para tener sombra y leña. Según sus cuentas, en Pantón hay unas quince, en Siós, Vilamelle, Vilar de Ortelle y Atán, y ninguna está en uso.

Cuatro puertas

No hay dos iguales. En Deade, la Adega de Casdocende levanta dos plantas revocadas, con las puertas de listones cerradas; dentro, el suelo es la propia roca. En Armental, la Adega da Orde perteneció, según Lucas, al monasterio de San Miguel de Eiré. Se construyó sobre un regato desviado para que corriera por debajo, y las viñas siguen llegando hasta sus muros. En el Pazo de Maside el agua iba por el lado contrario: un canal la hacía pasar por encima de la bodega para mantenerla húmeda.

La Adega da Casa da Fonte, en Ferreira, cuadruplicaba el tamaño de una bodega corriente y la doblaba en altura, con un pendello — un cobertizo abierto — tan grande como otra bodega. Cuentan que su dueño la perdió en una partida de cartas. Hoy es un armazón sin tejado entre helechos y árboles, con un óvalo de piedra encastrado en el muro donde se lee «AÑO»; el resto se ha borrado. En Cima de Atán, la bodega es de pizarra y está tan metida en la ladera que el tejado baja hasta tocar el suelo. En la aldea hay dos vecinos empadronados.

Las mayores bodegas pertenecían a las casas grandes y a las órdenes religiosas, y funcionaban como las industrias de su tiempo. Desde Siós, cuenta Lucas, salía vino hacia Lugo, Ourense y más allá.

Tres mapas

Por Pantón pasan tres mapas del vino, y no coinciden. El primero es el de la DO. El Consejo Regulador fija qué parroquias pueden acogerse a ella, y San Xulián de Eiré se queda fuera. Sin embargo, los capiteles de San Miguel de Eiré tienen uvas talladas, y la familia de Lucas en Eiré siempre ha tenido viña.

El segundo es el del patrimonio. Lucas conoce una bodega, en Ferreira, que figura en el catálogo del plan urbanístico del concello, y hasta eso le parece un avance. Las demás no aparecen en ninguna lista que él haya encontrado.

El tercero es el de las familias, y es el que ha resistido. La mayoría de las bodegas siguen en manos de la misma familia, que las conserva por apego mucho después del último vino. Lucas entiende que nadie quiera desprenderse de ellas, y conoce el precio: todos quieren conservar, dice, y el edificio acaba en ruina igualmente.

En el mapa, fuera del mapa

Algunas bodegas monumentales de Pantón siguen haciendo vino. Dos de ellas se conocen mucho más allá del concello.

Casa Moreiras, en Siós, está semienterrada, construida con piedra de la zona, y guarda en su interior una inscripción de 1692, el año en que la bodega sitúa su primer vino. Embotella bajo la DO Ribeira Sacra desde 1996 y su sala de catas recibe visitas con cita previa.

San Martiño de Pantón todavía no se puede visitar; las obras en el edificio continúan. En 1569 el párroco, Alonso Ares, donó su casa para fundar un convento dominico; los frailes se trasladaron a Monforte entre 1617 y 1622, y lo que quedó fue una bodega con bóveda de cañón de unos cincuenta metros de largo y más de siete de alto. Los vecinos más ancianos nunca la vieron funcionar. Recordaban dentro barricas de 500 litros, pequeñas para una sala así. En 2018, Lorenzo López, hotelero nacido en Deade que emigró con diecisiete años e hizo fortuna en Gran Canaria, restauró la antigua rectoral para Adegas O Castro. La empresa tiene más de doscientas hectáreas de viñedo propio y vende su vino con la marca Alma Gaia, fuera de la DO. Lucas cree que llegará a ser, con diferencia, el mayor productor de la Ribeira Sacra. La bóveda vuelve a trabajar. En la verja cuelga un cartel de «Prohibido el paso», y cuando fuimos no se podía llegar ni a la iglesia ni al cementerio de al lado. López murió en junio de 2026.

La primera entrada

La asociación de Lucas se plantea llevar bodegas como estas al comité que prepara la candidatura de la Ribeira Sacra a la UNESCO, como un caso concreto y no como una petición genérica. El punto de partida de Lucas es una bodega cerca de Siós. En el dintel hay tallado un nombre, Pedro Buján, una cruz de protección y un año, 1836, que puede marcar la construcción o una reforma posterior. Fuera, bajo unos robles que generaciones de podas han hecho crecer hacia arriba, descansa un carro do país.

La bodega es de la familia de su abuela. Lucas lo supo hace poco y nunca ha entrado en la bodega propiamente dicha; para verla tiene que pedírselo a un tío. Su pareja estudia Enología y quiere dedicarle su proyecto de fin de estudios. Si lo hace, será la primera entrada de una lista que ninguna institución se ha parado todavía a escribir.


La Adega da Casa da Fonte, en Ferreira de Pantón; La Adega da Orde, en Armental — fotos de L. Vázquez.
San Martiño de Pantón y sus viñedos; Un carro do país junto a la bodega familiar — fotos de P. Vanossi.