A unos cientos de metros de la aldea donde vivo, en Taboada, un cartel viejo señala hacia Santabaia. La pintura blanca ha desaparecido casi entera y cuesta leerlo. Al lado hay otro cartel, más nuevo, que apunta en la misma dirección y dice Santa Eulalia. La misma santa, la misma carretera, veinte vecinos, y nadie parece haber pensado que sobrara ninguno de los dos.
El registro oficial va más lejos. En el Nomenclátor del Estado la parroquia figura como Vilar de Cabalos (Santa Eulalia): toma el nombre administrativo de un núcleo y la advocación de otro. Santa Eulalia, la aldea, tiene veinte habitantes. Vilar de Cabalos, la aldea, tiene trece. La parroquia entera suma treinta y seis. En algún momento la parroquia cambió de núcleo cabecera, dejó la santa entre paréntesis y abandonó el cartel en gallego mientras el registro pasaba al castellano.
Aquí nada de esto llama la atención, y eso es justo lo que conviene explicar.
En los veintiséis concellos de la Ribeira Sacra, el padrón de 2025 cuenta 68.255 habitantes repartidos entre 444 parroquias y 2.843 lugares con nombre propio. Salen veinticuatro personas por nombre. El lugar mediano tiene siete vecinos. Doscientos ochenta y cuatro no tienen ninguno: el nombre sigue en el registro con población cero.
El patrón es provincial. Lugo y Ourense tienen poblaciones casi idénticas, unas 326.000 y 305.000 personas. Lugo las reparte entre 9.846 lugares con nombre; Ourense, entre 3.712. Una provincia nombra su terreno casi tres veces más fino que la vecina, sobre los mismos ríos y bajo la misma ley.

El Outeiro, la Igrexa, la Casanova
Basta leer la lista de los nombres más repetidos para entender por qué. En las dos provincias hay 158 lugares distintos que se llaman Outeiro u O Outeiro. Después vienen Vilar, Castro, Igrexa, Torre, Pena, Casanova, Veiga, Campo, Ponte, Lama, Cimadevila. El altozano. La aldea. El castro. La iglesia. La torre. La peña. La casa nueva. El prado del río. El campo. El puente. El lodazal. Lo alto del pueblo.
Casi cinco mil formas registradas conservan el artículo: A Torre, O Outeiro, A Ponte. La torre. Cuál de todas ellas es una pregunta que el nombre no contesta.
El 57% de los lugares con nombre de las dos provincias comparte ese nombre con al menos otro sitio. Dentro de la Ribeira Sacra la cifra baja al 45%. Casi la mitad de los topónimos de este territorio suspenden la única prueba que solemos exigirle a un nombre.
Indicaciones desde donde estás parado
Estos nombres nunca sirvieron para separar un sitio de todos los demás sitios de Galicia. Servían para separarlo de los tres o cuatro que ves desde donde estás. Hay un altozano a la vista, así que es el Outeiro. Seis parroquias más allá hay otro, que también es el Outeiro, y nadie se confunde porque los dos nunca entran en el mismo campo visual.
Eso cambia el sentido de algo que el visitante interpreta como imprecisión rural. Pregunta cómo se llega a un sitio y te darán un recorrido casi sin nombres: pasada la iglesia, arriba donde se abre la carretera, la casa de las viñas. O te darán un vecino: la casa del Ferreiro, donde vive la hija de fulano. El vecino es la coordenada exacta. El topónimo solo funciona para quien ya está en posición de resolverlo, y un forastero, por definición, no lo está.
La misma lógica gobierna los anuncios locales. Las fiestas de aldea se publican con fecha, santo y parroquia, y muchas veces sin dirección. Si eso es una forma discreta de protección o simplemente la manera en que esa información se ha construido siempre, nunca he llegado a averiguarlo. Las dos lecturas encajan con lo que hay, y a quienes montan la cacharela la duda no les quita el sueño. Si sabes llegar, ya eras del grupo.

Lo que el registro tuvo que hacer
Un sistema estadístico nacional no puede funcionar así. Cada unidad necesita un identificador único, de modo que el Estado tuvo que meter un vocabulario relativo en un esquema absoluto. Las costuras se ven.
Sabadelle aparece en cinco concellos de las dos provincias: Cervantes, Sarria y otros tres dentro de la Ribeira Sacra — Chantada, Portomarín y O Pereiro de Aguiar —. Tres de los cinco son parroquias, y el registro las separa por advocación: Sabadelle (Santa María), Sabadelle (San Salvador), Sabadelle (San Martiño). La santa llega como desambiguador, haciendo el trabajo que en otros sitios hace un apellido.
Ni los santos son estables. El registro archiva veintinueve parroquias como (Santa Baia) y trece como (Santa Eulalia): una sola santa, dos lenguas, repartidas sin regla visible. La Real Academia Galega y la comisión de toponimia de la Xunta llevan décadas restituyendo formas gallegas que el siglo XX castellanizó. En mi carretera el tráfico fue en sentido contrario, y nadie ha retirado ninguno de los dos.
Nunca se han puesto de acuerdo y seguramente no lo hagan. El nuevo está sobre un poste y se afloja con el viento fuerte, y cuando pasa alguien de la aldea sale a enderezarlo. Veinte vecinos sosteniendo un cartel que señala el sitio donde ya están.
Carteles en el cruce de Santa Eulalia; placa parroquial dentro de la aldea — fotos de P. Vanossi.
