~34 km en coche · 5 paradas · 4–5 horas · Inicio: Os Peares · Final: Ferreira de Pantón
El cluster de Pantón no se anuncia. No hay panorámicas de cañón en el arranque, ni una aproximación señalizada. La península entre el Miño y el Sil se cierra simplemente en torno a un municipio agrícola en activo, y dentro de ese perímetro se concentra la mayor densidad de románico rural de Galicia: cuatro iglesias parroquiales y un monasterio aún en funcionamiento, todo dentro de poco más de treinta kilómetros de carretera. Los edificios compensan el trayecto. Las parroquias que los rodean compensan quedarse más de lo previsto.
Se arranca en Os Peares, donde el Sil desemboca en el Miño, y se remonta la margen derecha del Sil hasta San Vicente de Pombeiro. Documentado en el año 935, el monasterio fue cedido a Cluny por la condesa Urraca en 1108 y permaneció cluniacense hasta principios del siglo XVI, cuando pasó a Santo Estevo de Ribas de Sil. La iglesia es de los siglos XII–XIII, de planta basilical con tres ábsides, algo inusual en el cluster. Las pinturas murales del interior son la razón para reservar la visita guiada; a través del cristal del muro norte se intuyen, pero solo la entrada concertada las hace justicia.
Cruzando el Miño en Os Peares se sube a Santo Estevo de Atán, en la margen izquierda del río. El templo es una obra de transición entre los siglos XII y XIII, con celosías prerrománicas integradas en la torre, restos de un cenobio que podría remontarse al siglo VIII. El interior, cuando está abierto, conserva pinturas murales del siglo XV y XVI: la Anunciación, el martirio de San Esteban apedreado, Santa Lucía con sus ojos en una bandeja, un Juicio Final en el muro sur. El acceso es solo con visita guiada; fuera de ese horario, la iglesia permanece cerrada.
Desde Atán se baja hacia el interior, a San Miguel de Eiré. La torre frontal, achaparrada, es inconfundible: no hay otra igual en el románico gallego. Es lo único que sobrevive de un monasterio benedictino femenino del siglo XII, declarado Monumento Nacional en 1964, con el Agnus Dei en la portada norte y tres pilas bautismales románicas en el interior. La aldea que creció a su alrededor sigue llamándose O Mosteiro. La llave la guarda una vecina y se gestiona sobre la marcha: a veces hay suerte, a veces no.
Un corto trayecto hacia el sur lleva a San Fiz de Cangas, otro antiguo monasterio benedictino femenino, suprimido en 1494 al quedar vacante la cátedra abacial y agregados sus bienes a San Paio de Antealtares en Santiago. La iglesia es el único resto en pie, de finales del XII y comienzos del XIII, con una planta basilical singular que en origen proyectaba tres ábsides; uno fue sustituido en el siglo XVII por la capilla funeraria de los Torre Novaes, donde reposa Rodrigo López de Quiroga. Junto al cierre del cementerio se alza un calvario del siglo XIV, fácil de pasar por alto.
El recorrido se cierra en Ferreira de Pantón, San Salvador, conocido también como el Mosteiro das Bernardas. Primera mención documental en el año 924, benedictino primero, cisterciense desde 1175, y la única comunidad monástica de Ribeira Sacra que ha mantenido vida religiosa femenina ininterrumpida en todo el arco temporal. La iglesia románica del siglo XII es el ancla arquitectónica; el claustro es del XV, el resto, del XVIII. Las monjas venden almendrados, bolitas de coco y miel y otros dulces en una pequeña tienda, todos los días de 10:00 a 12:45 y de 16:00 a 18:15. El acceso al claustro cuesta un euro. De todas las paradas de la ruta, esta es la que funciona con su horario, no con el del visitante.
Lo práctico se acomoda alrededor de los edificios. La mayoría de los interiores requieren reserva previa: el programa piloto de apertura del Consorcio de Turismo da Ribeira Sacra es el canal más limpio, y el ayuntamiento de Pantón (982 456 005) puede orientar hacia las personas que guardan las llaves cuando el Consorcio está cerrado. Octubre–noviembre y finales de abril–mayo son las ventanas adecuadas: la luz del castaño en los soutos entre Eiré y San Fiz es la segunda razón para venir, después de las piedras. Conviene combinar menos iglesias con más tiempo dentro de cada una, no al revés: cinco exteriores en un día son viables, cinco interiores, no. Se come en Ferreira o en Monforte de Lemos, a un cuarto de hora al sur.
Igrexa de San Miguel de Eiré, Pantón, Lugo — foto de Á. M. Felicísimo, editada con IA.
