A Vineyards Route in Belesar That Earns Its Loop

Una ruta por los viñedos de Belesar que merece el rodeo

3 MIN

El bucle de los viñedos de Belesar en Ribeira Sacra: 10,5 kilómetros entre bancales de la Milla de Oro, la aldea de Pincelo y la orilla sur del Miño.

~10,5 km circular · ~3,5 horas · moderada · Inicio: puente de Belesar, Chantada/O Saviñao

El PR-G 183 señalizado son 4,6 km que suben primero por los bancales y descienden después hasta la aldea de A Veiga. Funciona perfectamente por sí solo. Pero la ruta que explica de verdad la subzona de Chantada es la circular más larga —unos 10,5 km en total— que enlaza el sendero oficial con el alternativo PR-G 162 y devuelve al caminante por la otra orilla. Es la versión que suelen recorrer la mayoría de los guías locales.

El punto de partida es Belesar, la aldea repartida entre dos ayuntamientos y cosida por un único puente sobre el Miño. A los pocos metros la senda asciende hasta San Bartolomeu de Belesar y se mete entre los viñedos. Las marcas blancas y amarillas del PR comparten trazado con las flechas amarillas del Camino de Invierno, lo que despista los primeros minutos —hay que seguir las blanco-amarillas hasta A Veiga.

Estos bancales son la versión laboral de lo que se fotografía desde el otro lado del valle. Entre las filas se ven los carriles elevadores que suben las cajas en vendimia. El esfuerzo está inscrito en la propia pendiente. Es parte de lo que los viticultores de Chantada llaman la Milla de Oro: la franja más cotizada de mencía y godello de este tramo del Miño.

Hacia la mitad, la senda baja a O Pousadoiro y después a Pincelo —y Pincelo es la razón para alargar el recorrido. Una aldea pequeña, aislada, a ras del río, sin apenas acceso por carretera, con su propio embarcadero y algún batuxo tradicional aún amarrado. La bodega del lugar está reconocida como el primer proyecto vitivinícola ecológico certificado de Galicia. Pincelo es también uno de los nombres que reaparece en los testimonios de pueblos sumergidos cuando el embalse de Belesar anegó el valle en 1963 —la aldea actual queda por encima de la cota, pero la memoria del agua pesa.

Desde A Veiga se continúa hasta el puente de Portotide, se cruza a la orilla sur y se vuelve a Belesar por una carretera tranquila con los bancales del recorrido inicial ahora enfrente —la inversión es el sentido del rodeo. Son unos 3 km de asfalto, con poco tráfico, que reordenan lo caminado.

Primavera y otoño son las ventanas evidentes. En verano se puede, pero la exposición es real: los tramos de viñedo apenas dan sombra y el esquisto retiene calor hasta bien entrada la tarde. Existe además una variante más corta, de unos 7 km, que prescinde del ascenso a Bexán y vuelve antes; pierde la travesía alta, mantiene Pincelo, y es la opción más razonable en un día de calor.